La historia de Lorenzita: las manchas de rolando

Y mientras el mundo se mueve a su velocidad de siempre, y todas las personas comunes y silvestres se codean por allí, Lorenza Tremebunda sigue su camino retorcido y enrevesado del que no log... del que no quiere salir. Por ahora.
En este nuevo capítulo de esta heroína desgraciadina les voy a contar cómo en un rapto inesperado de coraje dijo: basta! basta de cambiarme las bombachas, es mucho lío. No mentira, lo que dijo fue: basta de color rosa en las remeras. No mentira, lo que dijo fue: basta del cinturón de castidad! Y agarró una pinza y rompió el candado.
Lo que pasó pobrecita fue que estaba tan deseperada por sentir el aire fresco que se le zafó la pinza, y se arrancó cinco pelos. Pero se los arrancó con tanta fuerza que la sangre tiñó el sillón de corderoy de la piesa, y la escalera caracol, y dejó como un decorado cual rosal en flor por las calles del pueblo, por el edificio del banco, por el edificio municipal, en los asientos del colectivo.
Pero Lorenza se sentía tan bien. Por haber dejado de usar rosa en sus remeras, claro está. Que dio todas las que le quedaban a la caridad.
Y el pueblo quedó lleno de rosas por meses.

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