La paloma msjra
Una vez en su casa, Lorenzita entró en su habitación, y se sentó frente al espejo. Siempre que volvía después de haber estado mucho tiempo afuera le sucedía esto: se quedaba pegada al espejo, mirando algún grano de su cara.
Cuando le dio hambre, estiró la mano, y sacó de entre sus cosas, una manzana: de muy buen aspecto. Con todo el hambre que acarreaba, le dio un mordisco de buena gana. Sus dientes tocaron algo blandito, y medio amargo. Alejó la mano de la cara, y vio la mitad del cuerpo de un enorme gusano agonizando en el interior de la manzana. Una sensación de asco le recorrió el cuerpo, todo. La manzana salió volando por la ventana y estrelló contra la pared del vecino, y Lorenza, que ENCIMA estaba en sus días, se tiró a la cama y lloró por toda una tarde. Lloró maldiciendo al gusano de la manzana, y después lloró culpándose por haberla comido, y después lloró por el grano en su cara, después porque estaba gorda, después porque estaba sola en su pieza, después porque se sentía sola en su vida, y cuando llegó a llorar por toda la gente que estaba sola en el mundo se dio cuenta que ya era hora de parar de llorar.
Había que hacer algo. Algo como... algo como... miró con mucho cariño una bolsa de nachos que había en su mesita de luz, y con un gran esfuerzo estampó su mano reventando el paquete. Le gustó la sensación de los nachos crujiendo bajo sus dedos... cuando llegó la noche, la pieza de Lorenza era un solo desastre. De los nachos pasó a los almohadones, de los almohadones a las sábanas, de las sábanas a los peluches, arrancó las figuritas de las paredes, zapateó, gritó y desordenó hasta quedar tirada sobre un acolchado... muy cansada, sintiendo un gran alivio.
Llegó la mañana, y despacito despacito, Lorenza agarró el acolchado y lo dobló; agarró los pedazos de papeles rotos y lor tiró, los almohadones dispersos y los acomodó. Se tomó todo el día para decidir dónde iría cada cosa y al llegar la tarde ya no tenía como sostenerse en pie del sueño.
Justo antes de caer Lorenza en el quinto sueño, que dicen que es el más pesado, una paloma se estrelló en la ventana. Traía en el pico un mensaje del doctor: "Encontré esta frase que puede ayudar a seguir mejorándote, repetila frente al espejo"
Lorenza se durmió enseguida; nadie sabe cuántas horas durmió; pero cuando se levantó lo primero que hizo fue decir timidamente frente al espejo:
"Soy bella"
Publicado por
Olivia

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