La historia de Lorenzita: kill bell

El instante siguiente al haber dicho la frase frente al espejo, Lorenza se dio cuenta de algo... de no menor importancia: no era bella... era bello!
Bello bello bello corto y grueso le cubría las piernas, las patillas, el entrecejo y una parte de las orejas. Horrorizada, después de guardarse la carta del doctor en el corpiño, se levantó de la silla. Los músculos de las pantorrilas se endurecieron. Los pelos de la nuca se erizaron. Miró a la izquierda: la ventana, a la derecha: la puerta entreabierta. Su expresión cambió en segundos, achinó los ojos, movió las orejas, estiró el cuello, frunció la nariz.
Al poner un pie en el pasillo, y medio como en cámara lenta, vio la figura de una de las putas de bulín mover su cadera en el otro extremo. Se escanearon una a la otra. Lorenza miraba los tacos aguja, las piernas firmes, el abrupto escote, los aros enormes, los labios rojos. Lorbella (la puta) observó las picaduras de mosquitos de los tobillos, los moretones de las rodillas, las lineas convexas del abdomen, el cuello polar y... los bellos. Sonrió. Lorenza apretó los dientes. Ambas comenzaron a caminar fulminandose con la mirada.
Estaban a poca distancia, cuando una voz masculina habló desde el interior de cuarto, y un fuerte par de brazos tironearon la Lorbella fuera del ring.
Lorenza quedó marcando ocupado, pero no había perdido su determinación, así que siguió su carrera hasta la planta baja. No sin antes agarrar un pedazo de torta de la heladera, salió por la verja del frente con una idea clara:
Encontrar un centro de depilación.

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