Lorenza se dedica a rascarse la mitad del día, y la otra mitad a comer. También sabe quejarse porque nada de lo que quiere tiene, y quejarse porque se queja mucho.Alquila una pieza en un prostíbulo. Ahí viven todas, sus hermanas (las pocas mujeres que no detesta, adoptadas como hermanas a falta de lazos de sangre) Lorenza, la dueña, y las putas que van y vienen mostrando su ropa interior vieja. Una de sus hermanas es mitad de madera, porque la tuvieron que arreglar después de un terremoto; así que anda por ahí mitad humana mitad pinocho. Se especializa en llevar el orden de la casa, ya sea gritándole a las plantas para que se mantengan derechitas o anotando en una libreta dónde quedaron marcadas las patas de la gata. Otra de las hermanas, solía ser una gran bailarina. Despreció el contrato de una importante compañía de danza porque una vez le dijeron algo que nunca quiso contar, y nunca más movió un dedo. Se dedica a cocinar tortas hasta quedarle los pelos chamuscados por el calor del horno.
Lorenzita tiene mucho que ver en las desapariciones de algunos de sus deliciosos postres. Dice que come porque nunca nadie la va a querer, por eso tiene derecho a dedicarse a su mayor placer que es el chocolate. Sí sabemos de un familiar cercano de Lorenza: su padre. El circo lo requirió desde muy pequeño, porque en el país del que venía el servicio militar no era obligatorio, sino el estudio de las disciplinas circenses. Así partió Platón, como le decían sus amigos, a cumplir su tarea por la patria, y lo hace con tanta dedicación, que solo vuelve en esa preciada fecha en que se prepara la gran tortada del año, a la que todos están invitados, incluso las putas del bulín, y en donde nadie comenta nada de sus desgracias, sino que comparten sonrisas y comen y comen y comen.
Publicado por
Olivia

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