La historia de Lorenzita: el mago Mielín

Después de que todos en el pueblo se enamoraran y se encontraran bajo los puentes, en las terrasas, en los telos y donde hubiera un lugar propicio para el amor, gracias a las rosas dispersadas por el percance de Lorenza, pasó que a Lorenza se le ocurrió que ya era hora de enamorarse ella.
Así que cortó una caña del baldío de´al lado de su casa, y salió al bosque, de caza. Iba concentrada como un gato observando una cucaracha, convencida de que conseguiría lo que buscaba.
Ahí estaba! un hombre alto y musculoso... Lorenza lo golpeó con la caña.
El hombre se dio vuelta CON UNA CARA... Claro está que no lo conquistó, pero sí se hicieron buenos amigos. Lorenza se enteró de que era un mago, y que pasaba mucho tiempo en el bosque pero en realidad se dedicaba a atender una verdulería. Mielín se enteró de que Lorenza no sabía que hacer de su vida y andaba por ahí cazando hombres. No había que ser muy vivo para atar los cabos: Mielin le propuso buscarle marido a Lorenza, y así fue; cada semana le llevaba un soltero (o no tan soltero) con un moño rojo y un chocolate en el bolsillo y se lo dejaba en el zaguán de su casa. Lorenza estudiaba a cada candidato, y lo mandaba de vuelta.
Porque lo que no sabía, creo que ni ella, era que siempre que desataba un moño rojo, deseaba con todo su corazón y todos los bigotes que habían quedado de las épocas en que no se depilaba, era que el que llegara a su zaguán con un chocolate en el bolsillo, fuera el mago Mielin.

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