La historia de Lorenzita: love love love... no lo ve!!

Sucedió un fatídico día de otoño, que Lorenza fue atropellada por “el amor”: un camión que transportaba alimentos.
Su chofer, que venía de una larga jornada desde el norte del continente no vio a la distraída Lorenza que para cruzar la calle sin mirar es mandada a hacer, y después de una sonora frenada impactó con sus voluptuosas curvas.
Lorenza quedó en estado de shock por varios días, y hubo que curarle sus heridas con aloe vera y caolín.
Durante su estadía en el hospital, fue instruida por un joven médico a como vendar la cicatriz de su pierna, cómo bañarse para no atrasar el progreso, a disfrutar de comidas sanas; y entre venda va, venda viene, mirada va, mirada viene, esponjas, ungüentos y tecitos… Lorenza se mejoró y se fue a su casa.
Lo que sí, se quedó pensando en el nombre del camión.

La historia de Lorenzita: love love love... no lo ve!!

Sucedió un fatídico día de otoño, que Lorenza fue atropellada por “el amor”: un camión que transportaba alimentos.
Su chofer, que venía de una larga jornada desde el norte del continente no vio a la distraída Lorenza que para cruzar la calle sin mirar es mandada a hacer, y después de una sonora frenada impactó con sus voluptuosas curvas.
Lorenza quedó en estado de shock por varios días, y hubo que curarle sus heridas con aloe vera y caolín.
Durante su estadía en el hospital, fue instruida por un joven médico a como vendar la cicatriz de su pierna, cómo bañarse para no atrasar el progreso, a disfrutar de comidas sanas; y entre venda va, venda viene, mirada va, mirada viene, esponjas, ungüentos y tecitos… Lorenza se mejoró y se fue a su casa.
Lo que sí, se quedó pensando en el nombre del camión.

La historia de Lorenzita: el cuarto... episodio

Y en una nueva entrega de la historia de esta jeroína la encontramos a ella, la mismísima Lorenza Tremebunda en una agitada escena: corriendo despavorida, lejos de los brazos de un pretendiente. Este personaje, nuevo en la historia, comenzó dejando cartitas por debajo de la puerta del bulín (en realidad subía haciéndose el sonso al quinto piso, y pasaba sus cartas por debajo de la propia puerta de Lorenza, cosa de no herrarle, claro) más adelante ya se animó a hablarle.
Resumiendo, vio a nuestra pequeña… y no tan pequeña… Lorenzita, bañandose en el fuentón del lavadero con una esponja exfoliante. Resulta que desde ese momento el caballero en cuestión redobló sus apuestas, y comenzó a hablar con Lorenza cada vez que la cruzaba, de cualquier pavada que se le ocurriera. Con la nariz bien pegada a la de su interlocutora, que de más está decir que se ponía muy incómoda. Cuento corto, un día no aguantó más, y comenzó a correr en dirección opuesta a la del caballero hasta que lo perdió de vista.
Lo que pasó después fue que se perdió. Solo tenía la esponja de baño que a veces guardaba en su bolsillo, así que se bañó en un laguito que encontró, y disfrutó de su soledad hasta que se hizo de noche, y decidió volver sobre sus pasos rogando que la caminata de regreso la convirtiera en alce, o en zebra, o en castor… pero menos llegar a casa otra vez siendo Lorenza... Tremebunda.

La historia de Lorencita: el cuarto... episodio

Lorenza, era ciega de un ojo. Era tuerta, con todas las letras. Lo más raro era que a veces el ojo se le componía, y podía ver bien, pero otras veces se le nublaba hasta tal punto de no ver un solo rayo de luz. El otro ojo le andaba perfecto, si hasta tenía un medidor de visibilidad que le indicaba a cuántos kilómetros podía ver de acuerdo al clima del día. La medición estaba indicada en kilómetros y en millas, y Lorenza la podía ver en una esquina del ojo como en la lente de las cámaras fotográficas.
Sus hermanas la ayudaban a no tragarse a la gente cuando caminaba y estaba con el ojo izquierdo medio ciego. Y cuando ellas no estaban hacía esfuerzos por no quedar enredada en alguna caída que le costara un moretón.
Algo escondido de la historia de Loranzita es que tenía un ferviente admirador, que le mandaba cartas de amor a las que ella hacía oído sordo... o se las comía.

Dejá la bronca de lado Lorenza, le decía su abuelo. Dejala, no te hace bien. Te duele y te saca lagrimitas. Dejá de buscar a tu padre, le decía un amigo, y buscá a alguien que te acompañe en tu camino fuera del bulín de las sierras. Dejá de culpar a tu madre por ser "una madama rara y anticuada y todos los adjetivos negativos que se te puedan imaginar". Amar es simple, le decía otro amigo. Todos amigos bellos, bellos amigos. Lo que Lorenzita no sabía era que el espejo dfe su casa estaba roto, y en la relidad, la realidad que los demás veían, su rostro no era tan feo como ella creía... tenía solo algunas verruguas en la nariz.

La historia de Lorenzita: el epi so diotres

Hay varias versiones de la vida de Lorenzita. Hay quienes dicen que su cuerpo era escultural, y el prostíbulo... era más bien su lugar de trabajo. Su madre vivía en la casa de al lado, y se dedicaba a envasar dulces para vender a los turistas.
Algunos dicen que el que Platón (el papá)la visitaba varias veces al año trayendo de regalo plantines que las hermanas criaban en el jardín, a Lorenza las plantas se le morían si remedio. Una de las hermanas figura en otras historias como una exitosa bailarina de un ballet desconocido que, harta de la vida del prostíbulo se cambió el nombre y se fue a disfrutar del éxito en el anonimato. Hay una versión que cuenta de Lorenza y sus hermanas viviendo en un departamento oscuro y lleno de humo de cigarrillo en la ciudad de Buenos Aires. Alquilan las piezas del fondo a estudiantes universitarios, y gastan sus ganancias en películas en dvd, pochoclos y más cigarrillos de distintos sabores. Pero nos vamos a quedar con la que cuenta que Lorenza tenía tantas hermanas y hermanos que

La historia de Lorenzita: elepi sodio II

Algunos días, la vida en el prostíbulo le parecía tan monótona, que Lorenza salía a buscar a su padre. No estaba segura del nombre del circo en que trabajaba, así que pasaba meses de pueblo en pueblo, llamándolo entre lágrimas. Porque Lorenzita, además de ser una campeona del rascado, sabía muy bien llorar, y lo hacía sin reservas en cualquier situación y ante cualquier eventualidad, con mucho decoro y conciencia de representación melodramática. Hasta había descrito y publicado un libro que nunca nadie leyó sobre estilos de llanto, con ilustraciones. Lo que Lorenzita no sabía, era que a veces lo que ella llamaba llanto era en realidad risa… y a veces al revés... y a veces multiplicado por dos... y a veces dividido por ocho.
Se encontró con mucha gente en esos pueblos, y a todos mostraba un tatuaje de su papá que llevaba en el brazo por si lo habían visto.
Cuando se cansaba de buscar, y extrañaba su casa, volvía, y seguía rascándose. Tanto se rascaba que ya tenía un poco de barba… por más que la relación entre un hecho y el otro no tenga aparente conexión. O no la tenga en absoluto.

La historia de Lorenzita: episodio I

Lorenza se dedica a rascarse la mitad del día, y la otra mitad a comer. También sabe quejarse porque nada de lo que quiere tiene, y quejarse porque se queja mucho.Alquila una pieza en un prostíbulo. Ahí viven todas, sus hermanas (las pocas mujeres que no detesta, adoptadas como hermanas a falta de lazos de sangre) Lorenza, la dueña, y las putas que van y vienen mostrando su ropa interior vieja. Una de sus hermanas es mitad de madera, porque la tuvieron que arreglar después de un terremoto; así que anda por ahí mitad humana mitad pinocho. Se especializa en llevar el orden de la casa, ya sea gritándole a las plantas para que se mantengan derechitas o anotando en una libreta dónde quedaron marcadas las patas de la gata. Otra de las hermanas, solía ser una gran bailarina. Despreció el contrato de una importante compañía de danza porque una vez le dijeron algo que nunca quiso contar, y nunca más movió un dedo. Se dedica a cocinar tortas hasta quedarle los pelos chamuscados por el calor del horno.
Lorenzita tiene mucho que ver en las desapariciones de algunos de sus deliciosos postres. Dice que come porque nunca nadie la va a querer, por eso tiene derecho a dedicarse a su mayor placer que es el chocolate. Sí sabemos de un familiar cercano de Lorenza: su padre. El circo lo requirió desde muy pequeño, porque en el país del que venía el servicio militar no era obligatorio, sino el estudio de las disciplinas circenses. Así partió Platón, como le decían sus amigos, a cumplir su tarea por la patria, y lo hace con tanta dedicación, que solo vuelve en esa preciada fecha en que se prepara la gran tortada del año, a la que todos están invitados, incluso las putas del bulín, y en donde nadie comenta nada de sus desgracias, sino que comparten sonrisas y comen y comen y comen.