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Olivia
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Lo que pasaba en realidad es que Lorenza... tenia hongos. Y como ningno de los tecitos del mago funcionaron, decidio nomas dejarlos crecer: entre los dedos de los pies, las unias del dedo grodo, el espacio entre los pechos que se transpira cuando camina mucho; y como eran tantos los empezo a vender en un puestito en la vereda.
Los clasifico segun sus propiedades, y pronto empezo a llegar gente desde muy lejos para buscar los famosos hongos que resultaron tener muchos usos. Los viejitos los buscaban para el insomnio, algunos chefs para lograr ese sabor unico que llevara a su restaurante al exito rotundo, algunos artistas para llegar a nuevos niveles de inspiracion. Todos llegaban, compraban su hongo y se iban.
Ya despue sde unos meses, Lorenza estaba cansada de cerrar el stand sola, y con frio... asi que decidio tomar el toro por las astas, y... escribio en un papel:
quedate, para siempre, conmigo
y lo repitio en papeles chiquitos y les puso su direccion, la de su casa y la de su imeil, y los puso uno a uno en el fondo de las bolsitas de arpillera en las que vendia sus hongos.
Lo que paso fue que al dia siguiente... Nadie noto su nota.
Hasta que un dia... recibio un imeil.
Que decia... muy buena la frase, te la compro.
Y desde ese dia, los hongos "quedate" se producen en centenares de macetas en un invernadero en tailandia, por cuestiones de costo de mano de obra, y Lorenza recibe dinero de los derechos de autor, con el que compra suavisante para la ropa.
Sigue vendiendo sus propios hongos a clientes fieles que saben apreciar la produccion artesanal.
Los clasifico segun sus propiedades, y pronto empezo a llegar gente desde muy lejos para buscar los famosos hongos que resultaron tener muchos usos. Los viejitos los buscaban para el insomnio, algunos chefs para lograr ese sabor unico que llevara a su restaurante al exito rotundo, algunos artistas para llegar a nuevos niveles de inspiracion. Todos llegaban, compraban su hongo y se iban.
Ya despue sde unos meses, Lorenza estaba cansada de cerrar el stand sola, y con frio... asi que decidio tomar el toro por las astas, y... escribio en un papel:
quedate, para siempre, conmigo
y lo repitio en papeles chiquitos y les puso su direccion, la de su casa y la de su imeil, y los puso uno a uno en el fondo de las bolsitas de arpillera en las que vendia sus hongos.
Lo que paso fue que al dia siguiente... Nadie noto su nota.
Hasta que un dia... recibio un imeil.
Que decia... muy buena la frase, te la compro.
Y desde ese dia, los hongos "quedate" se producen en centenares de macetas en un invernadero en tailandia, por cuestiones de costo de mano de obra, y Lorenza recibe dinero de los derechos de autor, con el que compra suavisante para la ropa.
Sigue vendiendo sus propios hongos a clientes fieles que saben apreciar la produccion artesanal.
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Lo que no se sabía hasta ahora, es que hay varias versiones de la vida de Lorenzita. Hay quienes dicen que pasó que Lorenza, con su corazoncito en recuperación, y mostrando grandes avances, según el dotor, empezó a cantar. Primero solita en la ducha, después mientras bañaba al gato, después mientras preparaba milanesas de berenjena, porque ahora comía bien la señorita. Por poco se hace vegetariana, pero se comió una empanada de carne una vez por equivocación, y tuvo una experiencia de placer tan parecida a un orgasmo, que prometió solo dejar de comer carne para aumentar la expectativa de la próxima vez. La cosa es que la muchacha cantó en el baño, cantó en la cocina, y cantó en el zaguán de la casa. Y fue ahí que la escuchó un guitarrista que pasaba y le dijo:
-Yeeeeeguaa!
-Eh… me parece que te desubicaste.
Lorenza estaba estrenando algunas frases nuevas que leyó en un libro de autoayuda.
Carlitos se quedó helado, y Lorenza también. Pero zafó el momento incómodo, y terminaron los dos revolcados entre los jazmines del patio del fondo.
No, mentira. Terminaron quedando en encontrarse para tocar y cantar otro día.
No sé si habrá sido la nueva dieta, pero Lorenza seguía encontrando experiencias orgásmicas a su alrededor.
Llegó al restoran donde todos los jueves tocaba la banda: Lavanda. Era una noche de verano así que las mesas estaban todas afuera, y las luces de navidad colgadas entre las hojas de parra empezaban a hacerse notar. La banda estaba formada por tres hombres de los que Lorenza se enamoró a la vez.
Claude, un francés pelilargui cabizbajo de una caballerosidad que derretiría hasta a una feminista afiliada al gremio, y la haría seguirlo como un perrito feliz.
Jack, un neocelandés de tez oscura y de una formalidad, que en medio de la conversación ya tiene a cualquier oponente femenino visualizando una vida juntos al estilo “casita de madera en las montañas”.
Y Carlitos, Charles para los amigos, un inglés… grandote digamos, que le gusta hablar de sí mismo, y mostrar sus pasos de baile nuevos sin importarle hacer el ridículo, provocando la típica risita coqueta que oculta el: si no estuvieran tus amigos te salto encima y te quedás sin oreja.
A todo esto Lorenza hizo un gran esfuerzo en mantenerse entera, y lo logró sacudiendo la pandereta como si fuera quinta integrante de los Beatles, en sus mejores épocas.
Esa noche soñó que dormía en un campo de lavanda. Y se despertó cuando se mojó... por la lluvia.
-Yeeeeeguaa!
-Eh… me parece que te desubicaste.
Lorenza estaba estrenando algunas frases nuevas que leyó en un libro de autoayuda.
Carlitos se quedó helado, y Lorenza también. Pero zafó el momento incómodo, y terminaron los dos revolcados entre los jazmines del patio del fondo.
No, mentira. Terminaron quedando en encontrarse para tocar y cantar otro día.
No sé si habrá sido la nueva dieta, pero Lorenza seguía encontrando experiencias orgásmicas a su alrededor.
Llegó al restoran donde todos los jueves tocaba la banda: Lavanda. Era una noche de verano así que las mesas estaban todas afuera, y las luces de navidad colgadas entre las hojas de parra empezaban a hacerse notar. La banda estaba formada por tres hombres de los que Lorenza se enamoró a la vez.
Claude, un francés pelilargui cabizbajo de una caballerosidad que derretiría hasta a una feminista afiliada al gremio, y la haría seguirlo como un perrito feliz.
Jack, un neocelandés de tez oscura y de una formalidad, que en medio de la conversación ya tiene a cualquier oponente femenino visualizando una vida juntos al estilo “casita de madera en las montañas”.
Y Carlitos, Charles para los amigos, un inglés… grandote digamos, que le gusta hablar de sí mismo, y mostrar sus pasos de baile nuevos sin importarle hacer el ridículo, provocando la típica risita coqueta que oculta el: si no estuvieran tus amigos te salto encima y te quedás sin oreja.
A todo esto Lorenza hizo un gran esfuerzo en mantenerse entera, y lo logró sacudiendo la pandereta como si fuera quinta integrante de los Beatles, en sus mejores épocas.
Esa noche soñó que dormía en un campo de lavanda. Y se despertó cuando se mojó... por la lluvia.
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Y bueno, Lorenza finalmente arregló su corazón, con la ayuda de Bonobon... el arreglador... de corazones.
Y anda por ahí, enamorándose de todo; con corazón nuevo a cualquiera le pasa. Arriba Bonobon le puso un dispositivo nuevo que había inventado, y cambiaba de color según las emociones, así que si se ponía triste, igual la pasaba bien viendo como cambiaba de color su corazón refundido, restaurado y requetestaurado.
Pidió cordialmente que no se publicara más sobre sus historias, así que y desde el staff de este blogg... todo el gran staff... vamos a respetar su deseo.
Y anda por ahí, enamorándose de todo; con corazón nuevo a cualquiera le pasa. Arriba Bonobon le puso un dispositivo nuevo que había inventado, y cambiaba de color según las emociones, así que si se ponía triste, igual la pasaba bien viendo como cambiaba de color su corazón refundido, restaurado y requetestaurado.
Pidió cordialmente que no se publicara más sobre sus historias, así que y desde el staff de este blogg... todo el gran staff... vamos a respetar su deseo.
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Para complicación del trabajo que deberían hacer Lorenza y el arreglador de corazones, descubrieron, por la cantidad de pedazos que faltaban, que ese corazón ya estaba roto antes de que Lorenza conociera a Mielin.
Esto para Lorenza era super claro, así que partió en un colectivo decidida a recuperar su pedazo.
Llegó una mañanita de Lunes a Corrientes; tocó la puerta en una cabaña de madera, y la abrió enseguida un hombre de pelo largo. Detrás de la barba que le había crecido miró a Lorenza con ojos extrañados.
-Lorenza...
-Lorenzo...
-No te esperaba
-Pero vine
-Te extrañé mucho cuando te fuiste, sabías?
-Me perdonás?
-Sí, Lorenza, sos la unica mujer que realmente amé en esta tierra
-Entonces ¿Me devolvés mi pedazo de corazón?
-¿¿Eso es lo que venías a buscar??
-Es que sin mi corazón no puedo vivir... me la paso mirando tele y jugando al solitario
-Está bien... ¿No hay algo más que quieras decir? Aprovechá que te viniste hasta Corrientes
-Sí... que... que... que te amo... que te amo... que te amonestaría por no haberme retenido cuando me piré y te mandé a freir churros a corrientes; que te amo que te amo... que te amoblaría la casa en que vivís con todas las veces que te lloré y me arrepentí de haber dejado lo que empezamos juntos
-Te amo
-¿Que?!
-Te amo, dejá de hablar pavadas
-No son pavadas, es lo que siento!
-Vení acá, Lorenza, terminemos lo que empezamos allá en una playa de nuestra juventud
Jajajajajajaja este es un pequeño regalito para mi, que me siento triste hoy, en el día del niño (que tenía que ver) porque ayer vi "diarios de una pasión" y lloré como una condenada
Esto para Lorenza era super claro, así que partió en un colectivo decidida a recuperar su pedazo.
Llegó una mañanita de Lunes a Corrientes; tocó la puerta en una cabaña de madera, y la abrió enseguida un hombre de pelo largo. Detrás de la barba que le había crecido miró a Lorenza con ojos extrañados.
-Lorenza...
-Lorenzo...
-No te esperaba
-Pero vine
-Te extrañé mucho cuando te fuiste, sabías?
-Me perdonás?
-Sí, Lorenza, sos la unica mujer que realmente amé en esta tierra
-Entonces ¿Me devolvés mi pedazo de corazón?
-¿¿Eso es lo que venías a buscar??
-Es que sin mi corazón no puedo vivir... me la paso mirando tele y jugando al solitario
-Está bien... ¿No hay algo más que quieras decir? Aprovechá que te viniste hasta Corrientes
-Sí... que... que... que te amo... que te amo... que te amonestaría por no haberme retenido cuando me piré y te mandé a freir churros a corrientes; que te amo que te amo... que te amoblaría la casa en que vivís con todas las veces que te lloré y me arrepentí de haber dejado lo que empezamos juntos
-Te amo
-¿Que?!
-Te amo, dejá de hablar pavadas
-No son pavadas, es lo que siento!
-Vení acá, Lorenza, terminemos lo que empezamos allá en una playa de nuestra juventud
Jajajajajajaja este es un pequeño regalito para mi, que me siento triste hoy, en el día del niño (que tenía que ver) porque ayer vi "diarios de una pasión" y lloré como una condenada
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La vida de Lorenza sigue mutando a pasos agigantados, así como lo hicieron sus deseos de encontrar a su alma gemela. Sentía como una cosa así en la panza... muy parecida al hambre, pero que le empujaba las tripas desde más abajo hasta todos los extremos de su cuerpo. Lorenza estaba segura de que el mago Mielin era su alma gemela, solo que, según ella, él no lo podía ver porque tenía ceguera emocional. Pero lo que al mago le pasaba era que estaba secretamente enamorado de su varita mágica; no tenía ojos para nadie más, ni siquiera para Lorenza que se desarmaba en piruetas a su alrededor, hacía malabares, seguía bajando de peso (ella pensaba que eso iba a ser atractivo para Mielin), se compraba ropa, tomaba clases de magia.
En fin, el resultado de todo esto fue que un día, regresando de un curso que había empezado para hacer varitas mágicas (a ver si así finalmente, teniendo una, lo conquistaba) sintió un sonido de vidrios rotos que venía... de adentro suyo. El dolor en el pecho que sentía hace rato le atravesó los huesos. ¡Su corazón! ¡El regalo más precioso que tenía reservado para Mielin! Se abrió el cierre que tenía entre el pecho izquierdo y el brazo, con discreción, no vaya a ser que la gente viera... que tenía un cierre para entrar a su corazón; y efectivamente, el corazón estaba roto. Se había roto en mil... bueno no en mil, pero en varios pedazos.
Así, con el corazón en la mano y sintiendo un gran vacío en el pecho... o detrás del pecho, caminó hasta su casa.
Su mejor amiga, Tartarina, que inspirada por su nombre había puesto un local de tartas, le recomendó ver a un arreglador de corazones. Clandestino, porque esa práctica estaba prohibia en la ciudad.
Cuando Lorenza se decidió a ir a verlo, en vez de encontrar un lugar oscuro y un a un tipo feo, como se imaginaba, encontró una bicicleta y un cartel de reparaciones. Era porque se había equivocado de local; al lado la atendió un viejito tan amoroso que Lorenza se tuvo que contener las ganas de morderle la oreja... por su hábito de comer cosas, no po nada en especial... ¿? Bueno, la cosa fue que este viejito dejó muy aliviada a Lorenza diciéndole que su corazón roto tenía arreglo. Recuperarían los pedazos que faltaban, lo fundirían, lo vloverían a formar y llamarían a un hada para que lo heche a andar, no mentira... lo pondrían a prueba una semana antes de darle el alta.
Lorenza se fue a su casa con un corazoncito de repuesto con el que podía: sentir mucho cariño por los perritos de la calle, y sentarse a ver tele y comentar las novelas, pero no mucho porque sino atrasaba los latidos
En fin, el resultado de todo esto fue que un día, regresando de un curso que había empezado para hacer varitas mágicas (a ver si así finalmente, teniendo una, lo conquistaba) sintió un sonido de vidrios rotos que venía... de adentro suyo. El dolor en el pecho que sentía hace rato le atravesó los huesos. ¡Su corazón! ¡El regalo más precioso que tenía reservado para Mielin! Se abrió el cierre que tenía entre el pecho izquierdo y el brazo, con discreción, no vaya a ser que la gente viera... que tenía un cierre para entrar a su corazón; y efectivamente, el corazón estaba roto. Se había roto en mil... bueno no en mil, pero en varios pedazos.
Así, con el corazón en la mano y sintiendo un gran vacío en el pecho... o detrás del pecho, caminó hasta su casa.
Su mejor amiga, Tartarina, que inspirada por su nombre había puesto un local de tartas, le recomendó ver a un arreglador de corazones. Clandestino, porque esa práctica estaba prohibia en la ciudad.
Cuando Lorenza se decidió a ir a verlo, en vez de encontrar un lugar oscuro y un a un tipo feo, como se imaginaba, encontró una bicicleta y un cartel de reparaciones. Era porque se había equivocado de local; al lado la atendió un viejito tan amoroso que Lorenza se tuvo que contener las ganas de morderle la oreja... por su hábito de comer cosas, no po nada en especial... ¿? Bueno, la cosa fue que este viejito dejó muy aliviada a Lorenza diciéndole que su corazón roto tenía arreglo. Recuperarían los pedazos que faltaban, lo fundirían, lo vloverían a formar y llamarían a un hada para que lo heche a andar, no mentira... lo pondrían a prueba una semana antes de darle el alta.
Lorenza se fue a su casa con un corazoncito de repuesto con el que podía: sentir mucho cariño por los perritos de la calle, y sentarse a ver tele y comentar las novelas, pero no mucho porque sino atrasaba los latidos
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Ay Lorenza Lorenza, le decía su mamá. Y Lorenza, como tenía mucha cera en las orejas, no la escuchaba. De hecho tenía la firme idea de que su mamá era muda.
Resulta que un día, la niña Lorenza caminaba por un sendero buscando al Mago Mielin que se le había perdido, y necesitaba contarle algunas cosas de cómo se sentía.
No sabía bien qué le pasaba, pero... ella sentía hambre. Mucho hambre. Tanto hambre tenía, que se le ocurrió comerse lo primero que se le cruzó por el camino: una paloma. No mentira, se comió un hongo, que era lo más comestible que había por ahí después de unas flores dulces y unas hojas de menta.
Después de satisfecha su necesidad... siguió comiendo. De gula.
Y después de comer de gula... comió un poquito más. No, mentira, no comió más, porque empezó a sentir un hueco en la panza... que era más que un hueco de vacío de comida. Era un hueco hooooondo y fríiiiio; un hueco oscuuuuuro y triiiiiste. Y además pesaaaaado.
Ya no veía por donde caminaba; la imagen mental del hueco en su interior le inundó los sentidos. De pronto vio una vaca comiendo, y pensó: claaaaro, las vacas son felices así pastando; no tienen tristezas: yo quiero ser una vaca! Probó el pasto... y no le gustó. Vió una mariposa volando y pensó: claaaaaro, las mariposas son felices así, volando: yo quiero ser una mariposa! Probó volar, y se cayó. Vió un árbol, y pensó: que loooooco como el árbol está reeeee feliiiiiz ahí paradoteeeee: y se retorció para imitar la forma del árbol hasta que se cansó.
A pesar de todos los intentos, la sensación seguía ahí; es más, ahora parecía que una tormenta tropical se desataba de manera torrencial de su piel para adentro. Así que finalmente se resignó, y decidió dejar que el agua limpie y lave ese hueco, que después de la lluvia no jodió más. Lo que sí Lorenza tuvo que ponerse unas buenas vendas por los raspones, y tomar tecito de limón por varios días.
Resulta que un día, la niña Lorenza caminaba por un sendero buscando al Mago Mielin que se le había perdido, y necesitaba contarle algunas cosas de cómo se sentía.
No sabía bien qué le pasaba, pero... ella sentía hambre. Mucho hambre. Tanto hambre tenía, que se le ocurrió comerse lo primero que se le cruzó por el camino: una paloma. No mentira, se comió un hongo, que era lo más comestible que había por ahí después de unas flores dulces y unas hojas de menta.
Después de satisfecha su necesidad... siguió comiendo. De gula.
Y después de comer de gula... comió un poquito más. No, mentira, no comió más, porque empezó a sentir un hueco en la panza... que era más que un hueco de vacío de comida. Era un hueco hooooondo y fríiiiio; un hueco oscuuuuuro y triiiiiste. Y además pesaaaaado.
Ya no veía por donde caminaba; la imagen mental del hueco en su interior le inundó los sentidos. De pronto vio una vaca comiendo, y pensó: claaaaro, las vacas son felices así pastando; no tienen tristezas: yo quiero ser una vaca! Probó el pasto... y no le gustó. Vió una mariposa volando y pensó: claaaaaro, las mariposas son felices así, volando: yo quiero ser una mariposa! Probó volar, y se cayó. Vió un árbol, y pensó: que loooooco como el árbol está reeeee feliiiiiz ahí paradoteeeee: y se retorció para imitar la forma del árbol hasta que se cansó.
A pesar de todos los intentos, la sensación seguía ahí; es más, ahora parecía que una tormenta tropical se desataba de manera torrencial de su piel para adentro. Así que finalmente se resignó, y decidió dejar que el agua limpie y lave ese hueco, que después de la lluvia no jodió más. Lo que sí Lorenza tuvo que ponerse unas buenas vendas por los raspones, y tomar tecito de limón por varios días.
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Después de que todos en el pueblo se enamoraran y se encontraran bajo los puentes, en las terrasas, en los telos y donde hubiera un lugar propicio para el amor, gracias a las rosas dispersadas por el percance de Lorenza, pasó que a Lorenza se le ocurrió que ya era hora de enamorarse ella.
Así que cortó una caña del baldío de´al lado de su casa, y salió al bosque, de caza. Iba concentrada como un gato observando una cucaracha, convencida de que conseguiría lo que buscaba.
Ahí estaba! un hombre alto y musculoso... Lorenza lo golpeó con la caña.
El hombre se dio vuelta CON UNA CARA... Claro está que no lo conquistó, pero sí se hicieron buenos amigos. Lorenza se enteró de que era un mago, y que pasaba mucho tiempo en el bosque pero en realidad se dedicaba a atender una verdulería. Mielín se enteró de que Lorenza no sabía que hacer de su vida y andaba por ahí cazando hombres. No había que ser muy vivo para atar los cabos: Mielin le propuso buscarle marido a Lorenza, y así fue; cada semana le llevaba un soltero (o no tan soltero) con un moño rojo y un chocolate en el bolsillo y se lo dejaba en el zaguán de su casa. Lorenza estudiaba a cada candidato, y lo mandaba de vuelta.
Porque lo que no sabía, creo que ni ella, era que siempre que desataba un moño rojo, deseaba con todo su corazón y todos los bigotes que habían quedado de las épocas en que no se depilaba, era que el que llegara a su zaguán con un chocolate en el bolsillo, fuera el mago Mielin.
Así que cortó una caña del baldío de´al lado de su casa, y salió al bosque, de caza. Iba concentrada como un gato observando una cucaracha, convencida de que conseguiría lo que buscaba.
Ahí estaba! un hombre alto y musculoso... Lorenza lo golpeó con la caña.
El hombre se dio vuelta CON UNA CARA... Claro está que no lo conquistó, pero sí se hicieron buenos amigos. Lorenza se enteró de que era un mago, y que pasaba mucho tiempo en el bosque pero en realidad se dedicaba a atender una verdulería. Mielín se enteró de que Lorenza no sabía que hacer de su vida y andaba por ahí cazando hombres. No había que ser muy vivo para atar los cabos: Mielin le propuso buscarle marido a Lorenza, y así fue; cada semana le llevaba un soltero (o no tan soltero) con un moño rojo y un chocolate en el bolsillo y se lo dejaba en el zaguán de su casa. Lorenza estudiaba a cada candidato, y lo mandaba de vuelta.
Porque lo que no sabía, creo que ni ella, era que siempre que desataba un moño rojo, deseaba con todo su corazón y todos los bigotes que habían quedado de las épocas en que no se depilaba, era que el que llegara a su zaguán con un chocolate en el bolsillo, fuera el mago Mielin.
