Lorenza la pasó bomba!! Y así quedó, en pedacitos. Tan rota... Y esta vez no era solamente su corazón. Las costuras de los parches de su cuerpo de muñeca habían empezado a ceder con la humedad. El Mago Mielin no podía ayudarla. Había inventado un truco tan bueno para hacerse invisible que no volvió más. Asi descocida, extrañaba la época del mundo en que se escribían cartas. Se enviaban cassettes por correo. Se bailaban bailes de seducción y se viajaba en autos viejos a pueblos más viejos. Estaba tan triste que no quiso aliviarse o distraerse con nada. (bueno, algo de pan comió, y algo de tele vió) o miró cine de autor y comió palta con sal y limón, no se. Como una leona enjaulada se paseó por la torre que alquiló para sufrir, y miró desde arriba a la gente feliz del mundo. Y al mundo albergando a esa gente. Y se confundió más. Porque ahora no entendía ni lo que le pasaba a ella ni nada. Desde la ventana de la torre gritó: Oh Lorenzo! Ven a rescatarme! Pero Lorenzo solo recibía mensajes por twitter. Y no hubiera ido igual. Entonces escribió: Esto es una mierda, y bajó, y en vez de alquilar una torre alquiló un caballo. Y como no sabía cabalgar lo paseó por los campos de su tío Venancio, que tenía olor a rancio, y le dio de comer pastito, y se metió al lago y se olvidó por un ratito de que esta historieta de la confusión continuará por un rato y hay que bancarla nomás. Eso si, tratar de pasarla bien, porque bomba es un señor peligroso. Porque estalla y se va sin dar besos de buenas noches, que sueñes lindo, sin acompañarte una sola cuadra, (NO, es: kabum! y te mueres!) sin decirte si café o té, si leche o negro, si medialunas o criollitos.

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