Lorenzo ha muerto. No se los quería decir. Lo lloran las prostitutas que lo deseaban al verlo pasar por los pasillos, tan bueno él. Tan bueno. Tan bueno que era bello. Lo llora la tía de Lorenza que era adivina y había vaticinado hijitos y casamiento de blanco. Lorenzo ha muerto y Lorenza siente que se le salió un pedazo. No se le salió nada. Un diente nomás que estaba muy picado. Pero la sensación era tan real que Lorenza por varios meses años usó cabestrillos, yesos, muletas, cuellos ortopédicos, porque podía jurar que se moría. No se murió ni mucho menos. Cumplió un año más nomás. Y no llegó a llevar a cabo su plan para suicidarse porque se entretuvo con un perrito que encontró en la vereda. Que triste. jajaja. Que feo. Murió Lorenzo. No puede morir el co-protagonista de una historia! Loranza se tatuó su nombre en la pierna. No, mentira.

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