La historia de Lorenzita: abducción acrobática

Pero la parte mas asombrosa fue cuando Lorenza fue abducida por los acróbatas. Digamos que fue amablemente empujada dentro de una trafic que se dirijía a la capital del país llena de músicos, acróbatas y veganos. Lorenza venía de pasar el día en la fuente de los deseos y como no tenía nada que hacer se dejó raptar, y alimentar con cous-cous, bocaditos de apio y salsa golf (vegana). Hasta sostuvo a uno de los niñitos de esta gente en brazos mientras el papá hacía un solo de gaita pensando: qué cosa tan bonita. El nene. Viajaron once horas hasta un campamento, donde bailaron y tocaron sus instrumentos y dejaron a sus niñitos correr por ahí con los perritos. Cada vez que Lorenza quería escurrirse por algún lado, aparecía alguien que le mostraba alguna artesanía y la hacía volver con pocas ganas cerca del fuego. Luego de otras once horas de viaje, llegaron hasta una enorme fortaleza de hojas de palmera y barro. Ahí se formaron todos en una gran ronda, gritaron frases al unísono y se dedicaron cada uno a su tarea. Lorenza fue rodeada de un grupo de más de diez personas que como buenos abductores, la trataban como si fuera su tarea por la patria instruirla en el arte de la acrobacia. Por cierto que Lorenza, con todo el entusiasmo que esto le empezaba a producir, copió y se esforzó por lograr los movimientos lo mejor que pudo. Pronto toda su vida era el "Campo de concentración y meditación acrobática de Helm Park Avenue de Wisconsin y Church". Luego de un mes: su casa. Se levantaba no sabía a qué hora porque no tenían relojes, hacía 364 abdominales de 380 grados, a saber: de panza, de un costado, de espalda y del otro costado. Y después seguía con todo tipo de preparaciones para la acrobacia desde amasar chapatis hasta ejercicios de contact. Todo era preparativo para la futura acrobacia mayor. Lorenza miraba a sus hermanos, porque ahora eran sus hermanos veganos, hacer piruetas en el salón principal y en los otros también y decía: algun día voy a ser así, y hacía abdominales abdominales abdominales. Horarios de comida no había, comían cualquier cosa a cualquier hora. Cascaras de banana, hojas de parra, mucho cous cous, huevos estrellados, con cáscara. Lorenza no podía creer la lucidez y la fuerza que estaba generando, hasta había desarrollado una habilidad que la había hecho famosa: podía adivinar cosas. A veces adivinaba el color de la ropa interior de la gente. A veces adivinaba quién iba a llegar de visita, a veces adivinaba qué habías soñado, le venía de a ráfagas las cuales eran aplaudidas y celebradas. Tuvo que ser varias veces intervenida por el médico/chamán/doctoradoenpsiquiatría/botánicoespiritista japonés el doctor Schaw por problemas en las rodillas y en la columna lumbar, pero todo fue viento a favor y Lorenza ya no era la misma. De hecho NO era la misma, se vestía con túnicas de algodon, su cuerpo había cambiado, su pelo, su color de ojos, su forma de actuar y pensar hasta su pasado y su futuro. Y su nombre: La llamaban Omninaguanatuya, aunque su madre su padre y todas sus hermanas la siguieron llamando Lorenza cuando hablaban con ella por teléfono. La voz! eso, la voz era lo unico que no había cambiado.

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