La historia de Lorenzita: El cuadro del living

Pero lo que yo no les conté, es que Lorenza se quedó muy mal después del paso de Lorenzo por su vida. MUY mal... Lo que nadie sabe es que después de que Lorenzo se desgarrara la ingle andando a caballo y perdiera la memoria, y su incipiente relación con Lorenza se cayera a pedazos, Lorenza pasó mucho tiempo encerrada en su casa como las viejas de los cuentos de terror: usando velos de novia y llevando muñecos abajo de la ropa fingiendo que son sus hijitos. Pero como siempre, esta chiquita logra salir de los enredos más enredados. No se sabe exactamente cuánto tiempo de su vida perdió, capas que fue un día. Lo que sí, cuando salió de la casa, llena de hongos, callos y pelos, tuvo un lindo trabajo que hacer. Virgilio, su terapeuta, se arrancaba los pelos de la nariz cada vez que ella salía de su consultorio. Porque le venía con cada planteo que era realmente para sentarse ahí y tomarse un buen café de esos con ingrdientes alcoholicos. Y Virgilio lo hacía, no se crean que no, era un psicólogo de la escuela progresista, y mientras sus pacientes no lo veían tomaba café. La cuestión es que Lorenza resurge una vez más de las cenizas. Pero lo más gracioso es cómo Lorenza terminó su terapia. Virgilio, en un rapto de profesionalismo y de ya dejese de inchar Lorenza que usted está más sana que una banana, le dio un hermoso beso en el cachete. Como el de un cuadro de living. Igualito. Largo, y tibiecito. Lorenza se enojó y se fue. Pobre Virgilio, pero la entendió porque sabía que como terapeuta estaba haciendo lo correcto... bueno, mas o menos. Lorenza salió del consultorio, que estaba al lado de una veterinaria. A la media cuadra, largó una risita. Y a la cuadra entera una carcajada. Nadie la vio. Eso creyó. Y se rió, y lloró, un poquito. Tanto que había traido y llevado palabras del pasado al presente y pensamientos del pueblo a la ciudad y bolsos de un país a otro, y ese beso fue como... como la esencia de vainilla de las tortas. Desde ese día, Lorenza se compró polainas, para ser bailarina, claro. Y baquetas. Varias.

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