La historia de Lorenzita, 23 pirulos

Pasó que Lorenza se compró un ukelele. Hermoso. Verde. Se compró un librito de canciones y se anotó en una clase con el profesor pirulo, el que tocaba solo con el dedo gordo. Era bajito Pirulo, extrañamemte bajito, como un hobbit; como si hubiera salido de un cuento: todo en este mundo le quedaba a desproporción menos la novia que era también de su especie; no diminuta pero como que tenía que hacer punta de pie para ver al cantante en un recital con pocas personas. Lorenza aprendió a tocar, aprendió que a Pirulo su novia no lo hacía feliz por mas que tenían una casita y un perro, aprendio a subirse al auto de Pirulo y dar vueltas por las afueras del pueblo, aprendió que no le importaba participar en el engaño de alguien que no conocía, y aprendió que los hombres en pareja siempre vuelven a sus parejas una vez que sintieron que cruzaron una línea, y mas si tienen una casita y un perro. Cuento corto: Pirulo se mudó a otro país y borró a Lorenza de su facebook. Lorenza le escribió un par de líneas indignadas, porque por mas que no sean amigos los menasjes llegan igual, y partió el ukelele contra una piedra. No mentira, siguió practicando sola, y tocando los fines de semana a la gorra en la plaza. Y aprendió sobre todas las cosas que... pirulos pueden ir y venir, pero quedan las canciones en el corazon. Ay que cursi. Ojalá les caiga un piano encima; a pirulo y a la novia. No mentira, ojalá pirulo crezca los centímetros que le faltaban de madurez, y no engañe mas a su novia, o que transformen la relacion en abierta, o que si no lo hace feliz la deje y se una al circo, y que Lorenza aprenda de una vez el sentido de la frase "no ser el segundo plato de naide"... y a tocar bien el ukelele.

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