Lorenzita y el tiburón feroz

Lorancilla y sus gafas para la piscina que le había regalado su mamá postiza iban todos los martes a la pileta del pueblo a nadar. Esta pileta no era ni cuadrada ni rectangular, y tenía animales (y otros seres) acuáticos. Lorenza siempre hacía el mismo recorrido: de la parte bajita, pasaba por la jaula de las sirenas, las miraba retosar al sol con sus colas brillantes y sus pechos al viento, después daba una vuelta a la islita con la palmera solitaria traida del congo, después pasaba por el tunel de los corales (por el costado porque le daba claustrofobioa) y después se iba a lo ondo. Siempre pero siempre, en algun punto del recorrido se encontraba con Garcho, el tiburón simpaticón que siempre la halagaba con algun piropo. Pero que bella que está la pileta ahora que usted se introdujo en mis aguas. Pero que hermoso brillo que le da a sus ojos el color verde musgo de su triquini. Si tuviera piernas la invitaría a cenar conmigo en la isla de la erecta palmera. Y Lorenza se sentía halagada... y perturbada a la vez... Su maya no era color verde musgo che! y si el tiburon tuviera piernas preferiría que la llevara a tomar un helado al puestito de la vuelta... La cuestion es que Lorenza empezó a dudar realmente de la veracidad de las palabras de Garcho, porque un día lo escuchó diciéndole lo mismo a una sirena!! arriba le decía que el color de su cola resaltaba el color de sus peojos, y casi que se quema solo cuando el guardabosque que andaba por ahí le tocó el silbato y le dijo que deje de molestar a las sirenas que tenían que estar bien descansadas para cuando llegaran los turistas extrangeros. El cerebro y el... alma? de Lorenza hicieron dos movimientos intelectuales y emocionales importantes: se dio cuenta de que Garcho era un chanta... un chanta simpaticón. Y se enamoró perdidamente del guardabosques. Cuento corto, el guardabosque se dio cuenta del color de los cachetes de Lorenza cuando lo miraba, y la invitó a tomar ese helado a la vueltita. Lorenza perdió la nociòn del tiempo y otras cosas entre ellas la maya color verde musgo. Y se lamentó de haberla perdido porque era muy bonita y era cierto que hacía resaltar el color de sus ojos. Moraleja: cuidado con los tiburones adentro y afuera del agua. ya lo decía mi papá.