La historia de Lorenzita: la monja un poroto

CASI MONJA Pero Lorenza una vez metio la pata, y eso fue cuando en un rapto de misticismo y algo de pena, guardó su corazón bajo llave. En un cofre de madera. Con candado de metal. Con un cartelito que decía: Para Lorenzo. Ella estaba segura de que si los dioses del olimpo los habían juntado alguna vez, sin hacer más que levantarse cada día de la cama, ellos mismos los iban a volver a cruzar. Porque a Lorenza estaba un poco loca pero no la engañaban... su corazón era color Lorenzo, y ya había intentado de muchas formas a veces hasta peligrosas de cambiarlo, pero no lo logró. Lo que los dioses no le habían dicho, porque son así medio cagadores a veces, era por qué los habían separado. Y minga que le iban a contar. Y fue así que Lorenza se hizo monja. No, jamás. Tiró al fondo del arrollo al lado de su casa (bien lejos) su corazón encadenado y herméticamente cerrado. Y lo hizo orando a los dioses del olimpo la siguiente oración: ¡O bellos padres que habitan en algun lado y beben vino en sus hermosas togas, permitan que las historias como la que protagoniza Javier Bardem en la version cinematográfica de "el amor en tiempos de cólera" sean reales y que yo pueda reencontrar a mi Lorenzo y compartir una cama doble con él en un crucero por algun río de centroamérica, y ya que están por favor asegurense que lo reencuentre a tiempo para tener hijitos, y si no les parece... Dejen que yo me ocupe de mis asuntos amorosos, caramba. En el nombre de la sal, el limón y el aceite. Amen. O achis, que para Lorenza era lo mismo.